Especial Zafón | Citas para recordar "Las Luces de Septiembre"



Como su difunto marido había dicho en una ocasión, no valía la pena cambiar el mundo; bastaba con que el mundo no lo cambiase a uno.

Aprendió que la petanca era una ocupación para ciudadanos rumbo a la jubilación y que el perseguir a las chicas era tarea de quinceañeros petulantes y devorados por fiebres hormonales que atacaban el cutis y el sentido común. A su edad, aparentemente, lo que uno hacía era corretear en bicicleta, fantasear y observar el mundo, a la espera de que el mundo empezase a observarlo a uno.
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