Hésperides | María Joaquina de Viera y Clavijo en la hemeroteca del Siglo XX #AdoptaUnaAutora

Bosquejo a crisálida de la autora realizado por
Antonio Pereira Pacheco y Ruiz
(1862-1864)
Sebastián Padrón Acosta (sacerdote, crítico, escritor e historiador) inició el 23 de febrero de 1922 una sección de biografías literarias titulada “Silueta de mujeres canarias” en La Gaceta de Tenerife. Dos meses después, una de sus apariciones se la dedicó a María Joaquina de Viera y Clavijo (en concreto las de los días 18 y 19 de mayo, números 3714 y 3715). El autor evoca el amor que María Joaquina sentía por su hermano y recuerda su interés por los acontecimientos de su época, su patriotismo y su humor. Como ejemplo expone los poemas que dedicó a su hermano y a la caída de Manuel Godoy. Reflejamos a continuación el poema escrito por María Joaquina de Viera y Clavijo tras leer Los meses de José de Viera y Clavijo, recuperado en "Siluetas de mujeres canarias": 

«En doce cantos produces
Del sol la vasta influencia;
Pero tan bien te conduces,
Que el sol y tú en competencia,
Tienes tú mejores luces.
Con exquisitos primores
Pintas a la primavera,
Pero unos cuadros mejores
De tu amenidad yo hiciera
Si me prestaras colores.
El rico y pomposo estío
Al oírte se envanece,
Pero perderá su brío
Viendo que tu ciencia ofrece
Más riquezas y atavió.
De los frutos y la sazón
Que el buen otoño asegura
De ti tiene emulación,
Que en madurez y dulzura
Le gana tu erudición.
Deja el invierno parada
La tierra en sus producciones;
Mas tu cultura estimada
Labrará siempre sus dones
Aun en la edad más helada.
Nadie podrá hacer la historia
De tus talentos extraños;
Los tiempos canten tu gloria,
Los días, meses y años
Eternicen tu memoria».

Padrón Acosta destaca, igual que quienes la habían reseñado con anterioridad, su don para la escultura afirmando: «Si nuestra paisana hubiese sujetado a un riguroso estudio sus grandes disposiciones artísticas, hubiera sido una escultora de renombre. Este arte plástico era el encanto de doña María». Esa misma idea la compartía con el que ese momento era cronista de La Laguna, quien le había confiado su consideración de que sus figuras casi parecían moverse. Tal es así que Sebastián Acosta recoge una anécdota de una representación del obispo Fray Juan Bautista Cervera. Alguien se acercó a la escultura y por su postura pensó que estaba a punto de iniciar su sermón con lo que ordenó silencio en la sala.

En “Silueta de mujeres canarias” no se alaba a María Joaquina de Viera y Clavijo como la “hermana de”, sino que se reconoce su figura por honores propios, para muestra su cierre: «Doña María del Alamo Viera y Clavijo, murió […] el 26 de septiembre del año 1819 sobreviviendo seis años a su idolatrado hermano, y siendo célebre como él».

Durante el siglo XX hemos localizado otras dos menciones en la hemeroteca digital Jable sobre la considerada primera poeta de Canarias. La siguiente, 34 años después, el 1 de marzo de 1956. En la revista Gánigo: poesía y arte del Circulo de Bellas Artes de Tenerife (número 20, página 18) dedican una página de “Antología Canaria” a una pequeña semblanza en la que se repasa su vida. Las biografías de José Agustín Álvarez Rixo y Sebastián Santiago Acosta, autor con el que iniciamos este repaso de hemeroteca, son citadas como fuente.

Dulce María Loynaz, célebre poeta y escritora cubana, con motivo de la publicación de su hoy todavía conocido Verano en Tenerife dio una serie de charlas en Tenerife y Gran Canaria. En el periódico Falange del 19 de septiembre de 1958 (número 8720) recogen la crónica de la jornada en Gran Canaria. La dedicada al primer capítulo de la obra, en el que ficcionaliza la evolución de José de Viera y Clavijo en diferentes etapas de su vida.

Se sitúa en el periodo en el que José de Viera y Clavijo residió en Gran Canaria y ya su hermana cuidaba de él. Muestra el lado más servicial y humano de María Joaquina. Sentía completa admiración por él como se puede percibir en la recreación de Loynaz:

«Y fueron sabrosos diálogos —termina Dulce María Loynaz— entre él y su hermana María Joaquina los que pusieron un poco de sal y sazón en esos días plácidos. A veces la mano nerviosa de la hermana tropieza, deja escapar un poco de más sal de la debida, pero en el huerto fraternal hay siempre una rosa dispuesta para estas ocasiones».

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