DomingosDeOpinión | Tic Tac

reloj de bolsillo y libro
© Pixabay

Paso mi tiempo entre la frustración de no tener tiempo para todo y el creer que nada es suficiente. Voy alterando momentos emocionales. Días en los que no paro ni un segundo y, a la vez, días en los que no quiero ni levantarme de la cama porque por mucho que lo intente siento que no me da para todo.

Cuanto más avanzo con algo más me atormenta la idea de que no lo terminaré. Más me agobia la sensación de que siempre hay que renunciar a algo. Son muchos los sueños que se quedan en pausa con un “ya llegará”. Siendo realistas sabemos que muchos se quedarán en nada.

Cuando se quiere ser bueno en algo hay que dedicarle muchas horas. Muchísimo esfuerzo para conseguir unos objetivos. Es parte del aprendizaje. Avanzar y dejar atrás otras enseñanzas. Es difícil cuando son muchas las temáticas que te gustaría dominar o, al menos, conocer.

Nuestro tiempo es limitado. No sabemos cuando acabará, pero sabemos que tiene fin. No podemos disponer de él a nuestro antojo. Se nos puede olvidar cuando nos dejamos arrastrar por la rutina. Sin embargo, es una certeza que siempre estará ahí. Llegará un momento en el que ya lo hayamos perdido.

Me dicen que siempre acabo escribiendo sobre la fragilidad del tiempo. Es cierto, es una de las verdades que más me aplasta. Mi vida es una lucha constante por frenarlo. Detenerlo por solo unos segundos que serían eternos. Todavía no hemos conseguido la fórmula que lo consiga. Solo nos queda tratar de aprovechar cada segundo. ¿Será posible dejar de divagar sobre el paso del tiempo y disfrutar del viaje a Ítaca?

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